Carta de Josué

Ella tenía un restaurante

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Hola Rocío y amigos, les contaré la historia que me pasó con la  que atendía un restaurante.

Todo comienza con una señora que tenía un restaurante, ella era  de piel morena clara, medía 1.70 de estatura y sus medidas casi  exactas eran de 86-65-92, ojos muy lindos miel y cabello negro  corto.

Ella siempre me atendía al salir de mi trabajo, como siempre era  algo tarde y al pasar a su restaurante sólo pedía café.

Unos de esos días llegué tarde al restaurante pero vi que todavía  había servicio. Al entrar vi a esa hermosa mujer, vestía una falda  que mostraban sus piernas, las cuales eran grandes, saludé y me  dijo lo mismo.

Pasaron dos horas y ya los dos estábamos riendo y platicando,  ella me dijo que tenía que cerrar pero que me quedara con ella  por que su esposo estaba de viaje y quería que la acompañaran  a su casa.

En ese momento no me pasaba nada por la cabeza. Conforme  la platica se alargaba tocamos el tema de sexo, ella me miró y  me preguntó como se daba un beso, porque ella tenía casi dos  años que no daba uno, lo cual me sorprendió.

Se acercó y me dijo que intentara en ella, al abrazarla sentí que  su respiración era más profunda y temblaba. Me pegó en la  barra y mientras nuestras lenguas jugaban tomé su pierna tan  suave y tersa, la acosté en una mesa, bajé su tanga que emanaba  de ese jugo que me vuelve loco. Subí su falda y dispuse a ser  mía esa concha que soltaba ese néctar. Al sentir mi lengua, vi  como ella mojaba sus dedos y apretaba sus pezones, abriendo  más sus piernas permitiendo mi lengua taladrar más y más. Era  algo increíble, ella no paraba de decirme “no lo saques, sigue,  sigue papito... cómeme, soy tuya.”

De repente, ella estalló como si fuera un volcán, era increíble ver como yo tragaba todo ese elixir. Ella metió los dedos en su vagina y vi como luego sus dedos mojados se los llevaba a la boca, nos besamos, me tomó de la cintura y comenzando a desvestirme, tomó mi pene y lo untó con sus labios, permitiéndole subir y bajar más rápido. Su mano no paraba de  masturbarme, quería reventar después de que su lengua jugaba  con el hoyito de mi pene y vi como le sacaba el jugo, me  mamaba el tronco mientras que con las manos jugaba con las  bolas, era algo increíble. Estallé con tal fuerza que sintió que se  ahogaba... con su mano colocó mi pene en esa vagina caliente y  húmeda de nuestros jugos.

Puse sus piernas en mis hombros y comencé esa batalla, lo hacía  despacio y mientras más lo hacía, aumentaba el ritmo, ella me  pedía más y más, quería que la reventara, que la partiera en dos.  Seguíamos cogiendo con tal  fuerza que mi pene a cada entrada  quería estallar. Tomé su culito y la penetré, la estocada más rica  que haya sentido, estaba tan apretadito que dimos un grito de  gozo, éramos dos amantes totalmente entregados como si nos  conociéramos de toda la vida. Me di la vuelta, ella se metía mi  pene en sus labios mientras yo jugaba con mi lengua en los  labios de su sexo, era
sorprendente el olor que salía de los dos. Ella se puso en cuatro  patas mientras me disponía a reventar ese culito y con los dedos  jugaba con su vagina. La cogía como loco al sentir venirme, ella  lo quería todo y estallé en su rostro, con su mano recogía todo,  no quería dejar escapar nada.

Tomó mi pene y comenzó a metérselo, bajaba y subía, esa  lengua sacaba lo poco que había quedado en el hoyo de mi  pene.

Toda la noche fue sexo...

Ahora cada vez que paso por el restaurante, siempre me deja  una nota, diciéndome cuando vernos en un hotel. para  encendernos como la primera vez que lo hicimos.

Josué.

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Alejandra@AlejandraGarcia.com

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