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Carta de Marco (Puebla, México)

La mejor cogida de mi vida

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Tenía como 6 meses de haber roto con mi novia, y me sentía  bastante desanimado.  Sucede que acudí a un bar donde según  se podía ligar fácil. Ahí conocí a tres mujeres mayores que yo,  ya pasadas de los 30 años. 2 eran secretarias, y estaban algo  feas, pero la otra tenía la apariencia de ser cubana, morena, alta,  grandes pechos y ojos verdes, ellas estaban por cierto algo  ebrias. Empezamos a beber y ya más relajado  empecé a  platicar con ellas. Me le empecé a pegar a Mariana, la que más  me gustaba, y mientras platicábamos le empecé a sobar un  muslo, primero se sorprendió por mi atrevimiento, se rió, y con  mucha decencia me retiró la mano de su muslo. De repente las  tres se levantaron, y se despidieron de mí, pero Mariana me dio  el número de su consultorio, y me dijo al oído, “Háblame en un  par de días.” Total, salí del famoso bar algo molesto por no  haber encontrado muchachas de mi edad, y porque esas tres  mujeres habían mostrado poco interés por mí. A los dos días  hable al consultorio de Mariana, ella me dijo sin rodeos que yo tenía problemas de tipo  sentimental, pero que como le caí bien me daría una cita gratis,  además hablamos por teléfono del asunto de mí ex novia y de mi  timidez con las mujeres, ella me dijo que me ayudaría.

Acudí  pues a su consultorio, que abarcaba un piso entero. Después de  esperar un rato, la secretaria me pidió pasar. Ahí estaba  Mariana. La vi bastante atractiva. Ella me saludó y me pidió que  me sentara en un sofá, y que me pusiera cómodo. Ella vestía un  pantalón bastante entallado y un suéter que dejaban ver unos  ricos senos. Me pidió que hablara libremente de mi asunto con  mi ex-novia, que yo solo mirara al techo y que ella escucharía.

Cuando terminé me dijo que mi problema era que me faltaba  confianza en mi mismo, y que requería convertirme en un buen  amante. Me empezó a interrogar sobre mi vida sexual, cosa que  me calentó muchísimo al grado de no poder disimular mi  erección. Entonces ella me propuso una terapia. Primero tomó  el teléfono y le dijo a su secretaría que podía retirarse. Seguido  me dijo, "quiero que te desnudes, que voy a darte un masaje anti-estrés.” Empecé a desvestirme, "todo" dijo ella al ver que  me quería quedar con la trusa. Al ver mi miembro erecto y  babeante me dijo que tenía un hermoso pene, que aceptara mi  cuerpo tal como era. Me acostó bocabajo en una especie de  camilla, y me dijo que me relajara y que cerrara los ojos.

Empezó a masajearme con aceite, y sentí muy bien, al tiempo  que aumentaba mi excitación.  Recorrió mi espalda, mis orejas,  mi cuello, y me sorprendí al notar un dedo de ella pasar entre  mis nalgas. Siguió el masaje hasta la planta de los pies, cuando  me pidió voltearme, abrí los ojos y vi a una hermosa niña de piel  blanca, pelo negro, pechos pequeños, que estaba desnuda  viendo la escena con una mano entre las piernas. Mariana se rió  un poco y me la presentó como Pilar, su asistente. Ella tendría a  lo mucho 19 años, o menos. Mariana le dijo, “sigue con el  masaje, voy a cambiarme”. Yo quise decir algo, pero Mariana la  psicóloga, me puso un dedo en los labios para guardar silencio.  "Vuelve a cerrar los ojos, ahorita regreso". Sentí las manos más  pequeñas y tiernas de Pilar sobre mi pecho, costillas, abdomen,  de repente sentí otra mano, agarrar mi verga y empezar a jalarla.  Abrí los ojos y vi a Mariana, desnuda y con su largo pelo  ondulado suelto. Me dijo, bueno seguiremos con la otra parte  de la terapia, quiero que te relajes y sigas mis instrucciones. 

Fuimos los tres juntos a otro cuarto, que tenía una cama  matrimonial, y un baño atrás. Mariana me aventó sobre la cama  y se lanzó a besarme en la boca, mientras sentí una tierna boca  sobre mi miembro. Yo me dejé llevar, cuando sentí que iba a  explotar en la boca de Pilar, Mariana me la quitó, "lo primero es  aprender a controlar cuando venirse", me dijo que respirara  hondo, y ella me apretó la base de los testículos, luego las dos  empezaron a chupar de manera alterna y junta mi miembro, yo  me sentía desfallecer, de repente sentí una lengua abajo de mis  testículos, sobre mi ano. “Hey” dije, “no soy marica”, Mariana  me dijo, esto es el beso negro, te va a gustar, y no quiere decir  que seas gay. Me recosté y me dejé llevar, realmente me gustó  la sensación, la lengua de Mariana me hacía sentir bien. Luego  me pusieron un condón y Pilar me empezó a cabalgar, al poco  tiempo se venía, yo no aguanté más y también me vine. Mariana  me dijo, "ya ves, te falta controlarte". 

Empezaron a chupar otra  vez mi miembro, y ahora Mariana se volteó y me dio a probar  su papaya en un rico 69. Poco a poco mi verga empezó a  levantarse de nuevo. Recordando lo que Mariana me había  hecho con su lengua, le di también a su moreno ojete, y hasta  me di la libertad de meterle un dedo.  Después nos volteamos, y  empecé a bombearla, Pilar solo veía y se masturbaba, sus gritos  eran realmente fuertes. Yo sentía que otra vez estaba a punto de  venirme, así que me detuve y me salí, Mariana por lo visto tuvo  varios orgasmos. "¿Ahora que quieres que hagamos?", le  pregunté, "lo que tu quieras", "tú eres el paciente, si tienes alguna  fantasía, aquí es el lugar indicado". La puse en cuatro patas, y  me puse a darle lengua en el culo, intenté penetrarla por ahí,  pero ella me dijo que lo hiciera despacio, y que le untara  bastante crema lubricante. Ella misma dirigió la penetración, al   principio me costó trabajo entrar, estaba su orificio muy  apretado, pero de repente se metió mi pene hasta el fondo.  Empecé a meter y sacar, la sensación era exquisita, pensé que  no aguantaría mucho. De pronto sentí las manos de Pilar que me  abrazaban y me pidió que le guardara algo, que ella también  quería probarlo por atrás. Cambiamos de condón y Mariana le  relajó el esfínter con la lengua y con los dedos.

Posteriormente  y con mucho cuidado la empecé a penetrar. Pilar casi brincó del  dolor al sentirme dentro de ella, me dijo que la sacara, pero me  mantuve adentro, cuando se relajó, empecé a bombearla. Su  trasero era mucho más estrecho que el de Mariana, ya que era  virgen. Por fin no aguante más y me vine arrojando hasta la  ultima gota de semen. Después de descansar y bañarnos,  Mariana me dijo que la terapia había resultado todo un éxito, al  tiempo que me dio las gracias por darle la bienvenida a su  hermana Pilar, recién llegada de Cuba. Eso me desconcertó,  pero la verdad es que ni me importó. Durante un buen rato fui  novio de Pilar y nos acostábamos juntos los tres. Eso fue hace algunos años. Por cosas del destino, ellas tuvieron que irse a  otra ciudad. Pero los momentos de placer que me dieron, esos  nadie me los quita.

Marco (Puebla, México)

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