Carta de Anonimo

La muchacha de servicio

Ese día estaba particularmente aburrido en mi casa, no tenía nada que hacer, mis padres habían salido de viaje y no regresarían en una semana.

Estaba viendo unos videos pornos, mientras me masturbaba, viendo aquellas imágenes, estaba bien cachondo, cuando de repente llaman a la puerta principal, paré la video cassetera, y fui a atender, bastante molesto y empalmado, al mirar por el visor vi que era la muchacha de servicio del apartamento vecino, no era gran cosa, baja de estatura un metro sesenta, sesenta y cinco quizás, y el uniforme no dejaba imaginar nada interesante, era un de esos que parecen bata de laboratorio, abrí la puerta, y la enfrente, ella se quedo unos segundos viendo mi entrepierna, como estaba vestido de franelilla y un short, se podía ver mi miembro erecto, aunque ya se había bajado bastante, se podía aun ver que estaba excitado, “¿Dime Amparo?, ¿Qué deseas?”. Ella salió de su estado de sorpresa, y me dijo, “Hay, mira como sé que estas solo y tu mamá me pidió el favor de ayudarte, quería saber si ya comiste, para hacerte algo”. “Caramba muchas gracias, en verdad tengo un hambre de lobo”.

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La chica pasó a mi departamento, le pregunté si los vecinos no se molestarían y me dijo que como estaban trabajando, y ya había terminado con los quehaceres no había problema, “¿Y si te llaman?”, sacando el teléfono inalámbrico de uno de sus bolsillos, guiñándome un ojo y con una sonrisa de lo mas picara me dijo, “Todo esta bajo control”, fue a la cocina y comenzó a trastear, y hablar de cualquier cosa, y a mi se me había pasado la erección, y apague el televisor y video, para irme a la cocina, tampoco era cuestión de dejarla sola. Me senté en un taburete y comenzamos a charlar, me dijo que se había venido de su pueblo porque su familia era muy pobre, y ella los ayudaba mandándoles algo todos los meses, como eran medio día y verano, hacia un calor de todos los infiernos, y al estar en la estufa era lógico que sudara al cocinar, en unos de sus movimientos pude darme cuenta que solo llevaba ropa interior debajo de su bata de trabajo, eso me dio mucho morbo, y mi pene comenzó a estimularse, eso tampoco pasó desapercibido a los ojos de ella, los pezones se destacaban atraves de la tela del uniforme, eran tan grandes que parecía que iban a romper la tela.

Como si nada seguimos conversando, ya en la mesa, reíamos mientras charlábamos y comíamos, ya que le pedí que me acompañara. De pronto ella me lanzó un pedacito de pan, el cual yo le devolví, y sin saber como, estábamos jugando a lanzarnos cosas, hasta que ella me lanzó un poco de agua fría a la cara, yo sin pensarlo le lancé mi agua pero esta dio más al pecho que a la cara, fue excitante ver como la tela se adhería a sus pechos dejando ver sus pezones oscuros. Yo me quedé como un estúpido viendo aquella maravilla, por unos segundos, “Chico, mira lo que hicisteis, ahora tengo que irme a secar”, fue en ese momento que me di cuenta que no podía dejarla marchar, le dije, “Bueno Amparo, no tienes que irte, si es por secar la ropa, lo haces aquí, no te vayas, acaso ¿No te estas divirtiendo?”, “Si pero como me quito la bata, solo tengo las pantaletas puesta”, “No hay problema té presto una camisa mía, mientras metemos tu bata en la secadora, y listo en treinta minutos estará como nueva”. Aceptó, más por lo que iba a pasar que por otra cosa, entró a mi habitación, se quitó la bata, me la dio a través de la puerta mientras se ponía una camisa que le dije que tomara del armario.

Yo llevé la bata al secador y la puse en marcha y me fui para mi cuarto, entré y ella estaba sentada en la cama, se veía sexy con la camisa, tenia los muslos más apetitosos que yo había visto, la muy coqueta se había soltado el cabello, y este era negro y largo. “Y ¿Ahora que hacemos?”, “No sé, ¿Qué quieres hacer?”, “¡Vamos a ver una película!”, “Bueno”, con toda mi mala intención comencé a rebobinar la cinta que tenía en la video cassettera, “¿Has visto alguna vez una película porno?”, “No, ¿Tienes una?, siempre he querido saber como son”, le di play al equipo y me senté al lado de ella, cuando aparecieron las primeras imágenes que como siempre comenzaban con una chupada de vagina, ella abrió sus ojos, a medida que se daban las imágenes su respiración se hacia más profunda, yo comencé a acarisiarle los muslos, primero despacio luego sin recato alguno, ella estaba tan excitada que lo primero que hizo fue separar las piernas para dejar que mi mano fuera a su sexo, me sorprendí a descubrir que se había quitado las pantaletas, su sexo estaba hinchado y caliente por la excitación sin contar que estaba empapada.

Fue tal el deseo de comérmelo que me hinque de rodillas y empece a mamarle la cuca con desespero, “Mmmmmm, Siii, masss, cómeme, chúpame la pepita, ahh, así papi, rico, coññoo, rico, me voy, me voyy, ¡¡¡AAAAAHHHH!!!”, gritaba de gozo, cuando acabó, quedó jadeando como un animal herido, una sonrisa de placer brillaba en su cara. ”Coño, que rico, tienes una lengua maravillosa, me gustaría que lo volvieras hacer”, no esperé otra invitación y volví a su sexo, lleno de saliva y fluidos, volví a lamerle el coño, a meter mi lengua en su vagina, a chuparle la pepita, ella se volvió histérica, “SI, Si, más, coño, comémeme, mátame con tu lengua, entiérrala”, con tanto lengüeteo le lamí el culo y ella brinco de sorpresa, “¿Qué haces?, Sigue, lámame el culo también, que rico, si así, así, así, asííííííííííííí´” llegó a otro orgasmo, a mí ya me dolía la mandíbula de tanta cuca que había comido, mi guevo era un mástil de lo parado que estaba. Ella al verlo se me tiró encima y comenzó a mamarlo, con fruición posesa de deseo, parecía como que sin el no pudiese vivir, ”Eso puta, chúpamelo, comete esa verga, así”, vi que con la otra mano se acariciaba la cuca, y le dije “Eso date dedo mientras me comes la pinga, que puta eres, coño, mamas como una diosa, que lengua tan rica, cómetelo, eso, así, voy a acabar”, Amparo se sacó mi guevo de su boca y me masturbó hasta que acabé en su cara y tetas, ella se pasaba mi guevo por su cara y lo lamía, “Mmmmm, que rico, ¿Me vas a reventar la cuca con este guevo?, ¿Verdad?”, “La cuca y el culo, así serás solo mía”, diciéndole esto la muy zorra se sentó sobre mi guevo, y se lo metió todo dentro de ella, y comenzó a cabalgarme. “Coño, que guevo más grueso, que rico, cógeme anda, entiérramelo, que rico, está gruesisimo, que duro Dios, que duro, reviéntame la cuca”, yo mientras le enterraba mi guevo en esa cuca cálida y jugosa le mordisqueaba los pechos, mientras ella me decía toda clase de puterias, ”Eso muérdeme las tetas, anda cógeme, meteme un dedo en el culo, hasme tuya, gózame toda, quiero guevo, cógeme más, más, más, más, mmáááássssss”.

Ella caía sobre mi pecho y yo seguía bombeando, como estaba lejos del segundo, ella se volvió a excitar, y a menear las caderas, mientras yo seguía dándole guevo, hasta que al fin llegamos los dos al orgasmo, descansamos un poco, cuando volvimos a tomar fuerzas ella se puso sobre mí nuevamente, en un rico sesenta y nueve volví a comerme ese coño, sabroso, mientras le metía el dedo por la cuca y el culo, ella se metía mi guevo en su boca, “Mmmm. Mmmmm, mmmhhhaaaaaaaa, ya, ya, no puedo mas, me rindo, cinco orgasmos, coño que rico”, como ella quedó boca abajo en la cama y yo quería otro polvo, le comencé a mamar el culo, yo sabía que una puta como ella no se iba a aguantar, cuando comenzó, sin poderlo a evitar, a mover sus caderas, me puse detrás de ella, y lentamente le fui enterrando mi guevo en su culo, ajustado, ella se quejaba, “Despacio, despacio eso, Mmmmm, así entiérramelo cógeme por el culo entiérrame ese guevo, no tengas compasión de mi, dámelo, dámelo, eso”, “Que culo tan rico tienes putica, está estrecho, ¿Te gusta que te entierre mi guevo aquí?”, “Si, me gusta, pártemelo, anda quiero tu guevo, tu leche, anda, cógeme, goza el culo de tu puta, gózame el culo”, “Tu gózame el guevo, que rico jodes, puta, eres una zorra, seguro que sueñas con varios machos a la vez”, “Si, tres a la vez, que rico dándome guevo, templando, hay, hay, hay, ¡¡¡Haaayyyy!!!”, “¡¡¡AHHHHHH!!!, gritaba yo al mismo tiempo fulminado por el intenso orgasmo que nos sacudía, para luego quedar uno en los brazos del otro, cuando le llego el momento de irse me prometió venir a almorzar al día siguiente, pero esa es otra historia.

Anonimo

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