Carta de Juan

Mi Pendeja Favorita

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La historia que les voy a contar sucedió hace unas semanas. Mi  nombre verdadero no viene al caso decirlo así que me  presentaré como Juan, tengo 21 años, pelo corto castaño, y  vivo en una pequeña ciudad de la República Argentina.

Vivo con mi madre y mi hermana Laura (tampoco es su  verdadero nombre) de 19
años, a la cual no considero muy bonita, aunque sí debo decir  que tiene un culo redondito y firme, y unas tetas bastante  grandes para su edad, es alta (casi tanto como yo) con  pelo negro por los hombros.

Como les decía esta historia sucedió hace pocas semanas.  Estaba yo en el comedor haciendo un trabajo escolar en la  computadora cuando llega Laura con dos de sus amigas, Valeria  y Daiana. Para esto vale decir que a ambas ya las tenía fichadas  desde hacía rato. Valeria tiene 19 años, es de piel bastante  blanca, pelo largo morocho, alta, y a su culo le he dedicado ya  unas cuantas pajas. Daiana tiene 18, es rubia y de pelos cortos,  también alta y de cara muy hermosa, sus curvas no destacan,  pero igual merecen una larga ojeada.

Este día llegaron ellas y mi hermana me pidió el PC, ya que  tenían que hacer un trabajo urgente para el cole. Yo acepté y  me fui a mi cuarto a leer. Al rato viene mi hermana y me pide  que les dé una mano ya que tenían que ir a la biblioteca a buscar  información pero no les alcanzaría el tiempo para terminar.  Valeria ofreció quedarse pero no sabía usar la maquina por lo  que me pidieron que yo teclee mientras Valeria me dictaba y las  otras dos iban hasta la biblioteca. Yo nuevamente acepté,  aunque esta vez mucho más animado ya que significaba  quedarme solo con la pendeja que me estaba calentando desde  hacía rato.

Ni bien se fueron comenzamos el trabajo. Valeria dictaba y yo  de vez en cuando le pegaba una mirada. Tenía puesto un  pantalón de gimnasia y una remerita bien ajustada, que le  marcaba los senos.

De vez en cuando nos tomábamos un descanso, e  intercambiábamos algunas palabras. Pero yo soy bastante tímido  y ella también (o eso me parecía hasta ese momento) por lo que  la conversación era bastante seca.

-“¿Tenés novia?”- ante esta pregunta no supe bien que  contestar, no sabía si buscaba una doble intención.

-“No”- era la verdad.-“¿Y vos?”-Le dije

-“Todavía no”-

Medio motivado por el interés de la pendeja en mis relaciones  amorosas seguimos trabajando.

-“...para poder tomar los hábitos una persona debe jurar  castidad...”- Dictaba
Valeria.

-“¿Que es castidad?”-Me preguntó.

No supe si lo preguntaba en serio o quería seguir el jueguito.- "Es no tener sexo"-Le dije, y me jugué-"¿Vos has tenido sexo?"- pude ver como su cara se volvió completamente colorada ante  la pregunta, y me di cuenta que sus preguntas habían sido  inocentes, pero igual ya estaba caliente.

-“No”-contestó con poca voz. Luego seguimos trabajando.

En eso se le resbala de las manos el lápiz con el que estaba  escribiendo y cae justo entre sus piernas. Yo instintivamente  estiré mi mano paro tomarlo, pero estas quedaron justo metidas entre sus dos piernas, y pude sentir su conchita a través del  delgado pantalón. No sé por qué mantuve mi mano ahí mientras la miraba a los ojos. Ella se ruborizó pero no dijo nada. La tomé del cuello con mi otra mano y la besé, metiendo mi lengua dentro de su boca y jugando con la suya. Luego seguí besándole el cuello, mientras con mi mano frotaba suavemente su vagina, por sobre el pantalón.

En ese momento tenía que decidir que hacer. Tenía ganas de  violarla, cogerla por todos lados, como nunca cogí a nadie. Pero  la vi tan chiquita e inocente que decidí hacerle el amor, suave y  tierno. Claro que esto no excluía ninguna parte de su cuerpo.  Quería tocarle cada centímetro de piel.

Mientras le besaba el cuello, sentía su respiración nerviosa, casi  jadeante, mientras ella no se animaba a tocarme, manteniendo  sus manos muy apretadas contra el borde de la silla en que  estaba sentada.

Fui bajando con mi boca lentamente por su pecho hasta llegar a  sus senos, los cuales comencé a lamer por encima de la remera.  Cuando esta estaba bastante húmeda, sus pezones se  endurecieron. Con mis dos manos le quité la camiseta,  dejándolos al descubierto por completo, ya que no traía sostén  puesto.

A sus 19 años tenía unas tetas espectaculares,  redonditas y duritas, y sus pezones erectos se habían vuelto  bastante considerables.

Comencé a jugar con ellos, los chupaba, los mordía y los  apretaba con mis dedos, mientras ella ahogaba los gritos y los  gemidos que no se animaba a dejar escapar. Le quité las  zapatillas y la hice poner de pie, la conduje hasta la mesa del  comedor y la hice tomar con las dos manos del borde de esta,  quedando su cola bien paradita para mi.

Le bajé el pantalón hasta las rodillas y acerque mis manos a su  bombachita rosa. Comencé a frotar nuevamente entre sus  piernas, aunque esta vez pude sentir que estaba toda mojada,  incluso su bombacha estaba empapada. Mientras la acariciaba,  dejaba escapar mis dedos por dentro de su ropa interior,  rozando de vez en cuando su bello púbico y sus labios.

-"Sácame la bombacha"- Me dijo con una voz que era una  mezcla de orgásmicos jadeos y miedo a los que yo le podría  hacer.

-“No tengas miedo. No te voy a lastimar”- Le dije besándole el  cuello, y luego la boca, pero sin quitar mis manos de su  intimidad.

Entonces le corrí la bombacha para un costado y me arrodille en  el piso.

Su vulva había quedado al descubierto, con su escaso bello  púbico sin poder esconder sus pequeños labios que yo ya quería  comer. Con mis dos manos tomé sus nalgas y las abrí, para  observar su ano, mientras acercaba mi lengua a su concha y  comenzaba a chuparla. Le abría los labios con mis dedos y le  introducía mi lengua, hasta llegar a su clítoris, lo cual le agradó  mucho y sospecho que ni siquiera ella misma se había tocado  nunca ahí. Al mismo tiempo con uno de mis dedos intentaba  penetrarla por la concha, lo cual su virginidad me hacía difícil.

Luego de que mi boca se llenó de sus jugos vaginales me puse  de pié, y, de frente a ella la besé en la boca apasionadamente,  mientras ponía sus brazos en mi cintura. Una de mis manos  jugaba con sus pezones, se los apretaba tanto que la hacía  gritar, pero rápidamente volvía a besarla. Entonces la levanté en  mis brazos, la llevé hasta mi habitación y la tendí en la cama  boca abajo. Con mis dos manos abrí bien sus nalgas y,  mojándome un dedo en la boca, comencé a penetrarla con este  por el culo.

Cuando sintió mi dedo que intentaba penetrarla, no pudo  contener más sus gemidos dejando escapar un grito, que nos  hubiera puesto en apuros de no ser porque estábamos solos en  la casa.

Mientras tanto ya había logrado meter la punta de mi dedo en su  estrecho ano, y continuaba presionando hasta que se introdujo  por completo, mientras Valeria jadeaba a más no poder,  aferrándose con sus manos a las sábanas. Una vez logré meter  un dedo completo, no me detuve hasta no introducir el segundo  en su ano, que poco a poco comenzaba a dilatarse.

Con dos de mis dedos dentro de ella, comencé el movimiento  de meter y sacar, y si bien su cara demostraba el dolor, sus  gemidos demostraban el placer que sentía. Al mismo tiempo con  mi otra mano masajeaba su clítoris, hasta que pude sentir que su  cuerpo comenzó a temblar, sus gritos se hicieron más fuertes y  sus jugos inundaron mis manos y la cama, en lo que supongo  sería su primer orgasmo.

Cuando ella acabó me di cuenta que yo también necesitaba  hacerlo, así que saqué mi pija y se la acerqué a la boca (no  quería desvirgarla aún). Para mi sorpresa ella no se sorprendió  ni me rechazó.

-"Enséñame"- Me dijo.

-“Abre la boca que yo te guío”- le contesté mientras introducía  mi verga en su pequeña boca, y la tomaba de los pelos para  controlarla. Por lo visto mi pene era demasiado grande para su  cavidad ya que no cabía por completo.

Luego de un par de minutos de cogerla por su boca, y  aprovechando su inocencia, acabé dentro de ella y la obligué a  tragarse toda la leche, lo cual hizo sin quejarse,  aunque algunas  gotas de semen se le escaparon por las comisuras de la boca,  manchándole las mejillas.

La recosté nuevamente en la cama, esta vez boca arriba, y le  abrí bien sus piernas. Estaba decidido a cogerla.

Con mis dedos intente separar los labios de su concha, lo cual  no me costo tanto pues estaba ya muy mojada. Pude al fin  introducir mi dedo en su sexo, luego otro más, y comencé a  moverlos dentro, a sacarlos y meterlos nuevamente, mientras  ella se apretaba los pezones con ambas manos. Entonces  acerqué la punta de mi puya hasta la entrada de su concha y  empecé a presionar hasta que la mitad de mi aparato estaba  adentro. Fue ahí que me acosté encima de ella, y lentamente le  hundí toda la verga dentro de su pequeño tajo. Sus gritos eran  ya descontrolados, y de sus ojos brotaban lágrimas de dolor,  pero creo que a pesar de todo le estaba gustando. De vez en  cuando la besaba en la boca para que se sintiera un poco más  segura, a los cuales ella  respondía besándome también.

Cuando sentí que estaba por acabar y para no hacerlo en su concha, puse mi pija  en su boca nuevamente para que otra vez se tragara mi leche, cosa que hizo más  a gusto que la primera vez.

Cuando terminamos ambos estábamos exhaustos. De su vulva brotaban algunas gotas  de sangre, entonces la llevé al baño y con una esponja mojada le lavé sus  partes íntimas, deteniendomé especialmente en sus labios y su ano, por lo cual  mi pene estaba otra vez al palo. Sorpresivamente ella lo tomó entre sus manos y  empezó a acariciarlo, mientras yo dejaba escapar un dedo dentro de su culo que  ya no estaba tan cerrado y que me permitió meter otro más sin problemas.

Ella siguió masturbándome hasta que acabé, esta vez sobre su cara y cuello. Yo  también le hice la paja en el culo y la concha hasta que un tuvo nuevo orgasmo.

Luego de esto nos vestimos y volvimos al comedor. A los cinco  minutos llegaron Laura y Daiana, protestando par la cantidad de  gente que había en la biblioteca, mientras Valeria me miraba con  una sonrisa cómplice.

Hasta hoy no puedo saber si todo lo ocurrido fue circunstancial  o lo armaron entre las tres. Creo que Valeria es demasiado  inocente para preparar semejante obra de teatro, aunque uno no  puede estar seguro nunca con una mujer.

Desde ese día la he vuelto a ver pocas veces y nunca a solas,  aunque sospecho que no va a tardar en llegar un nuevo  encuentro con Valeria... o con Daiana.

Aunque todo depende de Valeria y Daiana.

Juan

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Alejandra@AlejandraGarcia.com

 

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