Carta de Anónimo

Perversiones

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Nunca he sido homosexual, nunca me excitaron los hombres ni  antes ni después de lo que les voy a contar. La historia que voy  a contarles sucedió hace 4 años.

En ese entonces yo tenía 18, y vivía en un pequeño pueblo del  interior del país junto con mi hermano Juan, de 21, y mis padres.  La relación con Juan nunca había sido buena, por el contrario  siempre nos llevamos realmente muy mal. Cuando se reunía en  nuestra casa con sus amigos y amigas siempre me tocaba ser el  punto de las bromas  pesadas, y siempre quedaba humillado  delante de todos. Con el tiempo esto me llevó a desarrollar un  odio hacia mi hermano que nunca desaparecería.

Una noche, luego de estar estudiando con unos compañeros de  curso, regresé a mi casa y encontré a Juan con su novia Laura.  Estaban  en el comedor, recostados en un sillón. En el otro  estaba José, el mejor amigo de Juan, y su noviecita Carolina.  Cuando entré comenzaron las burlas, a las cuales yo respondí  con insultos de toda clase, porque no era de quedarme callado y  dejar que me insultaran. No recuerdo como se desarrollaron los  hechos pero si sé que en un momento me abalancé sobre Juan y  lo golpeé con mi puño en su rostro. Él cayó al piso y yo me  retiré a mi cuarto satisfecho ya que pensé que con eso dejaría  de molestarme. Me dormí rápidamente. Luego un ruido me  despertó, Juan estaba al lado mío desvistiéndose ya que  compartíamos la misma habitación. Su mirada reflejaba el odio  que sentía.

“Te vas a arrepentir, nunca te vas a olvidar de lo que te vamos a  hacer.”
Luego de decir esto se acostó y se durmió, pero yo no. Sabía  que Juan era capaz de cualquier cosa para vengarse. Pasaron  dos días sin que nos dirigiéramos la palabra. El siguiente fin de  semana nuestros padres nos dejaron solos ya que debían ir a  una reunión de trabajo y no volverían hasta el lunes siguiente.  Esa noche Juan salió temprano con su novia y yo cené y me fui a  la cama alrededor de las doce de la noche. Un ruido me hizo  despertar, miré el reloj y eran las tres de la madrugada. La  puerta del cuarto se abrió y entraron Juan y José, este ultimo  con un bate de baseball en la mano. Encendieron la luz y pude  ver que Juan traía en sus manos una larga cuerda. Pregunté que  pasaba pero no respondieron. Se acercó hasta mi cama y tomo  mis manos. Intente resistirme pero era mucho más fuerte que yo  y no pude hacer nada. Ni tampoco gritar ya que en la casa no  había nadie y nuestro vecino más cercano estaba a tres  kilómetros de distancia.

Rápidamente ató mis manos a la cabecera de la cama y sacó las  sabanas, dejando mi cuerpo al descubierto, sólo tapado por un  calzoncillo. Juan se retiró de la habitación y José, sonriendo  comenzó a desnudarse. Quise preguntar qué iban a hacer pero  en realidad ya lo sabía. Mientras tanto, José se quitaba el  calzoncillo dejando ver una pija impresionante, de unos 24 o 25  cm. Juan regresó a la habitación con un frasco en una de sus  manos y un cuchillo en la otra.
“Desnúdalo vos mientras yo me saco la ropa”, le dijo a José.
Este tomó el cuchillo y de un tirón arranco mi calzoncillo,  descubriendo mi pene que estaba más pequeño que nunca. Juan  se había desnudado y si bien su pene no era como el de José,  seguro tendría 20 cm. Entonces José tomó mis piernas y las  levanto por sobre mi cuerpo para atarlas en la misma cabecera,  y así mi ano quedó totalmente abierto para que hicieran lo que  quisieran. Sentí como algo frío recorría mis nalgas y mojaba la  entrada de mi culo, y luego como una hoja de afeitar se  deslizaba por entre mis nalgas depilando mis zonas mas intimas.
“Ahora si parece una nena”, dijo Juan cuando había terminado  de afeitarme hasta los muslos. Mientras tanto José abría el  frasco y untaba dos de sus dedos con un liquido que luego  sabría que era vaselina. Sin ninguna contemplación introdujo sus  dos dedos en mi culo, que estaba abierto por la posición en que  yo estaba. No pude aguantar el dolor y comencé a gritar, lo cual  lo excitó aun más y sus movimientos de penetración se hicieron  cada vez más rápidos. Sentí como introdujo un tercer dedo y  luego el cuarto. Los metía hasta el fondo de mi hoyo, golpeando  sus nudillos contra mis testículos, y luego los sacaba para  meterlos mas fuerte aun.
“AAAAAHHHHHHHH!!!!!!!”, mis gritos eran cada vez más  fuertes.
Entonces Juan desató mis manos y pies y me empujó al piso,  obligándome a ponerme en cuatro patas, con el culo bien  abierto y expuesto a ellos dos. Se colocó enfrente a mí con su  enorme pija enfrente de mi rostro y, tomándome de la cabeza  firmemente, introdujo su aparato hasta el fondo de mi boca.  Sentí atragantarme con tal trozo de carne bloqueando mi  respiración. Su enorme glande llegaba hasta mi garganta.   Mientras chupaba la pija de mi hermano, José continuaba  violándome con sus cuatro dedos, haciendo que mi ano se dilate  y permitiendo que la penetración sea más fácil. De pronto sentí  que algo caliente se apoyaba y presionaba en la entrada de mi  ojete hasta lograr penetrarlo. Un interminable trozo de pene se  introdujo hasta lo más profundo de mi cuerpo. Sentí como los  huevos de José golpeaban contra los míos mientras su pija  comenzaba el movimiento de entrar y salir, cada vez con más   violencia.

La escena se repitió durante unos diez o quince minutos, hasta  que sentí las contracciones previas al orgasmo de Juan en mi  boca y me preparé para recibir su leche. Con la cabeza del  choto de mi hermano en mi boca su leche inundó mi cavidad y  comenzó a chorrear por las comisuras de mis labios. Juan  mantuvo su pito en mi boca hasta que este perdió su erección,  luego lo sacó y se retiró para ver como me cogía su amigo José.  José continuaba arremetiendo bruscamente contra mi ano, hasta  que dando unos gritos tremendos acabó dentro de mí. Por un  instante no pude  reaccionar, luego Juan me tomó de los  cabellos y me empujó sobre la cama. Volvió a atarme, esta vez  de pies y manos dejándome totalmente estirado sobre mi cama.  Con su mano derecha tomo débilmente mi pene, que no había  manifestado ninguna erección durante el acto, y comenzó a  masturbarme. En ese momento Laura entró en la habitación  acompañada de Carolina con una cámara filmadora e hizo un  primer plano de mi pene. Eyaculé sobre mi propio cuerpo, un  orgasmo distinto, ya que el dolor que sentía en el culo era  insoportable. Fue el momento más humillante de toda la noche  ya que siempre me había gustado mucho Laura y no podía creer  que me estuviera viendo así. Luego, me dejaron atado como  estaba y se fueron a la habitación de mis padres, supongo que a  continuar con la fiesta, y yo me quedé dormido. Al amanecer me  desperté. Estaba vestido y  cubierto con una manta. Juan entró  en la habitación con un cassette de video en la mano. Lo puso y  pude ver como todo lo que me habían hecho la noche anterior  estaba grabado hasta el más mínimo detalle. Ese día tuve que  jurarle a Juan que a partir de ese momento sería su esclavo. No  podría negarme a nada que él, José, Laura o Carolina me  pidiesen. De lo contrario ese video se mostraría a todo el pueblo  y arruinaría mi vida.

Bueno, así fue como me convertí en esclavo sexual de mi propio  hermano, y lo fui durante más de dos años. Ahora hace tiempo que no lo veo y  no lo volveré a ver nunca. Mas adelante les contaré otras  perversiones que sufrí en ese tiempo, a pesar del cual nunca me  convertí en homosexual.

Anónimo

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