Carta erótica de Vasco, Buenos Aires (Argentina)

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Anónimo

De santurrona a puta

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Sexo con morbo total

Rocío: Me calientan mucho vos y tu página (quiero más fotos tuyas). Para empezar, te mando esta historia que realmente me pasó (con alguna licencia literaria). Besos

Se llamaba Claudia y la pasé a buscar por la casa. Era uno de esos contactos por medio de un amigo, que junto con el teléfono me había dicho "No es de salir mucho, así que le debe venir bien un buen pijazo". Cuando salió y la ví, pensé que más bien no debía salir nada. Tenía una blusa cerrada hasta el cuello, pollera debajo de la rodilla y nada que pueda parecer sensual.
-Está debe ser virgen -pensé-. Fuimos a un bar y, conversando, fui llevando el tema hacia las relaciones personales primero y el sexo después.
-¿Vos tuviste alguna vez...? -le pregunté-. Ella se puso colorada
Y... ssí... pero poquito... una o dos veces nada más... -¿cómo podía no saber si se la cogieron una o dos veces?-.
Seguimos conversando un rato más y después salimos del bar. Le propuse caminar un poco y, cuando llegamos a la esquina, la empujé suavemente contra un portal oscuro y la abracé ya con menos suavidad. Primero se dejó besar casi sin moverse. Luego, mientras le acariciaba el culo, sentí que ella me agarraba con mucha calentura y la respiración agitada.
-Vení -, le dije y me la llevé de la mano. Yo ya sabía que dando vuelta la esquina había un albergue transitorio (en Buenos Aires llamamos así a los hoteles que alquilan la habitación por turnos de dos horas). Cuando se dió cuenta de adonde íbamos, empezó a negarse de palabra
-No... mirá, recién nos conocemos... yo no lo hago con cualquiera... - pero lo cierto es que en ningún momento dejó de caminar.

Llegamos a la habitación, cerré la puerta y ella miraba para todos lados. Era obvio que nunca había estado en uno de esos lugares, con luces rojas, música funcional y espejos en el techo. Yo la agarré de atrás y empecé a desabrocharle la blusa mientras le refregaba mi bulto por el trasero. Cuando ya había abierto la mitad de los botones, ella tomó mi mano y se la metió bién apretada contra su enorme teta. A partir de allí se disparó totalmente. Se dió vuelta y empezó a desnudarme con desesperación, al punto que tuve que frenarla y alejarme un poco.

Ella se terminó de sacar todo lo que tenía y se me quedó mirando. Yo me estaba sacando tranquilamente los pantalones (no tenía calzoncillos) y se quedó mirando la pija como si fuera una revelación. Ella ya quería que se la ponga, pero la volví a frenar. La acosté en la cama y empecé a besarla, por todo el cuerpo. Primero la boca y después la oreja, el cuello, el valle de los pechos y voy subiendo lentamente por una de las tetas donde doy varias vueltas al pezón sin tocarlo. Ella gime. Entonces sí; le pego una violenta chupada a esa zona roja y alzada que parece un puchimball para mi lengua. Luego voy a la otra teta y le hago el mismo tratamiento. Después sigo bajando... siempre con pequeños besos... me detengo un poco en el ombligo y después sigo por una de las piernas que ya están completamente abiertas. Cuando ella cree que voy a dar varias vueltas antes de atacar su concha, yo ahí nomás arremeto con un chupón en esa vulva húmeda y roja. Ella lanza un grito y me llena la cara con sus jugos. Se la siguió chupando mientras ella goza su orgasmo y formamos entre sus piernas una fuente con su acabada y mi saliva.

Antes de que ella se desinfle, me acomodo encima y se la meto. Quería dársela de un golpe, pero siento un obstáculo. Doy otro golpe y ella pega un grito, le había desgarrado el himen y la sangre se sumó a los liquidos que ya teníamos. Sentir esas paredes tan apretadas en mi choto me encantó y me hizó bombear cada vez más rápido. Ella se arqueaba en su segundo orgasmo. Yo seguí hasta que sentí que me venía; como no había tomada ninguna precaución me salí y, cuando ella quizo abrir la boca para decir algo, le metí mi pija. Nunca había chupado una, pero entendió enseguida la consigna. Igual no la tuvo mucho tiempo porque enseguida la llené de mi leche. Se tomó el primer trago y después le seguí acabando en la cara y los pechos, mientras ella se la esparcía con la mano. Después descansamos y vinieron más polvos, donde ella fue aprendiendo más cosas. Y hubo otras salidas y nuevos experimentos hasta logré hacer de ella una auténtica Puta, de esas que van a cojer sin vueltas y son las que me gustan.

Ya les contaré también esas historias.

Vasco
1 de Mayo 2003

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Alejandra García        
alejandra@AlejandraGarcia.com

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