Carta de Anónimo

Trío de Ases

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Tenía que hacer noche en aquel hotel y antes de irme a la   habitación decidí tomarme una copa en el bar del hotel. Allí me   fije en un chico: Tenia la cabeza rapada y era delgado pero  fuerte  y musculoso. Me le quede mirando y el se fijo en mi.  Aparte la  mirada, el ya se había dado cuenta de mi atención y al  retirarse de  allí y pasar por mi lado me dejo sin decir nada una  servilleta en la  que estaba el número de su habitación. Subí a su  habitación muy  nervioso por que me había puesto muy  cachondo ese maromo y al  llegar allí estaba su puerta  entreabierta. Entré y cerré la puerta y  el estaba totalmente  desnudo, medio tumbado en la cama y  acariciándose todo el  cuerpo con sus manos.
“Te estaba esperando, noté en el bar como me mirabas y sabia   que subirías a buscarme.”
Estaba increíblemente buenísimo. Tenia abdominales marcados  y  fuertes tetas con pezones pequeños, y la polla medio  empalmada,  gorda como a mí me gustan, de las que abren bien  el culo cuando  entran.
“Te gustan las emociones fuertes por lo que veo...”
Empecé a desnudarme mientras no quitaba ojo a todo él. Me   estaba poniendo muy cachondo por momentos.
“Espera tío, déjame a mí.”
Me empezó a desabrochar los pantalones vaqueros, yo ya tenía  mi  torso desnudo. Me bajó los pantalones y mis calzoncillos  casi no  podían contener mi gorda polla que necesitaba salir de  allí.  Entonces él sin dejar de mirarme la polla en mis prietos   calzoncillos empezó a pellizcarme los pezones.
“Aggghh, cielo, me encanta que hagas eso.”
Le agarre por la nuca y le acerque la cabeza hacia mi polla.
“Como tu sabes, mi macho,”
Él me bajó los calzoncillos y empezó a chuparme la polla de  arriba  a abajo mientras mi mano acariciaba su rapada nuca.  Dios que  placer sentía. Su boca recorría el largo de mi falo de  arriba a  abajo, cuando llegaba a la cabeza de mi cola la lamía  como un  poseso, pero con mucha dulzura, como si estuviera  saboreando un  pastel
“Dios que bien lo estas haciendo, no pares cariño, agggghhhh,  no  pares.”
Me levantó la polla con su mano derecha y con la otra me  empezó  a acariciar entre las piernas. Su mano fue directa a mi  agujero y  empezó a estimularlo mientras me chupaba mis  pelotas que  estaban a punto de reventar.
“Déjame a mí, cielo, que si sigues voy a correrme en breve, ad.”

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Entonces se echó hacia atrás y se tumbó en la cama. Agarró su   polla que había alcanzado unas dimensiones increíbles y la  empezó  a mover apuntando hacia mí, que la miraba deseoso de   saborearla. Sólo de pensar en esa estaca rompiendo mi culo se   me hacía la boca agua. Me tumbé sobre él y directamente   empecé a chupar ese rabo. Sabia a látex por lo que me imagine   que no hacia mucho había tenido escarceos amorosos, lo que  me  puso si cabe aún más cachondo. Dios era como un manjar.  La  apretaba entre mis labios y de arriba hasta abajo, me la  metía una  y otra vez hasta mi garganta.
“Agggghhh, no pares mi hombre, ummmmmm, como me gusta,   ahhmmmm.”
Le abrí totalmente las piernas y deslice mi mojada lengua hasta  su  escroto, que albergaba dos enormes pelotas. Empece a  lamerlas  con gusto, me las metía en la boca y las lamía como si  fueran de  crema. Seguí deslizando mi lengua hasta su ojete  levantando un  poco mas, sus fuertes piernas totalmente abiertas  para mí. Su  agujero brillaba. Lo empece a chupar primero con  delicadeza.
“Aggg, méteme la lengua niño, méteme la lengua macizo.”
Yo pase de chupar con suavidad, a meter totalmente la lengua   una y otra vez en su preciado agujero.
“Agggghhh, sigue no pares.”
En ese momento de estasis se oyó la puerta de la habitación.
“Aggghh, no pares cielo, es un amigo que nos viene a echar una   mano en esto.”
Dejé de chupar ese culo para volver la cabeza y deleitarme la   vista con lo que entraba por la puerta.
“Sigue cielo, sigue, que ahora te ayudo, si no te importa claro.”
Dios, era un amigo del chulo que me estaba comiendo, y estaba   increíblemente fornido y buenísimo.
“Espera un momento cariño.”Le dije a mi juguete sexual  tumbado  en la cama.

Me levanté y me dirigí hacia el otro chico. Me acerqué a él y   empecé a acariciar su paquete por encima del pantalones de   chándal que llevaba puesto y note como su polla empezaba a   aumentar de tamaño considerablemente. Le cogí de la mano y le   acerque a la cama. Se quito los pantalones y los calzoncillos y  una  prieta camiseta que llevaba puesta. “Estas muy bien  cariño.” Le  dije. El se tumbó en la cama. Su carta de  presentación era una  polla de tamaño medio y muy apetecible  que enseguida me metí  en la boca y empece a chupar. Su amigo  rapado se puso detrás de  mí y empezó a comerme el culo.
“Te gusta que te llenen el agujero, nena, te encantaría que te   metiera el trozo de polla en tu dulce agujero, preciosa.” Dios sus   palabras me ponían cada vez más cachondo.
“Si”, le dije mientras chupaba de arriba a abajo la estaca de su   compañero.
“Fóllame, por dios, fóllame yaaa...”
Él acercó su rabo hacia mi ojete, que debido a sus lametones   estaba ya muy dilatado, y poco a poco empujo para dentro su   estaca, clavándola en mi culo. La sentí entrar como un hierro al   rojo vivo, diosssss, el placer me inundaba totalmente. Por  delante  me estaba comiendo una polla excelente que estaba a  punto de  llenarme la boca de su lefa.
“No pares de chupar Aggghhmmmm, dios, cuanto más te follan   mejor chupas...”
Y por detrás sentía dulcemente la entrada y salida de una polla   enorme que me estaba reventando el culo y me llenaba el  cuerpo  de carne masculina. Sentía llenarse todo mi culo cada  vez que ese  macizo envestía despacio, sin prisa. Sentía el  reborde de mi culo  totalmente abierto y estaba gozando como  un animal.
“Aagggggg. Me corro, cariño, me corrro...”
El chico tumbado ante mi se incorporó y se puso de rodillas  frente  a mí. No quería que su leche se desperdiciara y empezó  a  follárme la boca mientras yo agarraba fuertemente su culo con   una mano y con la otra agitaba su polla frenéticamente. Su   enorme polla iba a reventar, estaba dura como una piedra y al   llegar el orgasmo se puso tensa. Aparté mi boca para ver su   explosión de placer y ahí estaba. Empezó a escupir leche  caliente  sobre mi cara. Dios que rica.
“Agggmmmm toma amor, toma mi néctar mmmm...”
La engullí de nuevo y sentí el rico sabor de su cálida leche   derramándose en mi boca. Seguía chupándosela y tragando ese   liquido que tanto adoro. Él empezó a relajarse mientras me   acariciaba la cara. Yo seguía limpiándole la polla,  brillante y  húmeda, más blanda ya tras el estupendo estallido de placer.
“AAggg, me corroo mmmmm”
Su compañero seguía follándome el culo suavemente, dentro  fuera  dentro fuera y esa suavidad iba a dar su fruto. Me  incorporé  sobre él, que agarro mi pecho pellizcándome los  pezones. Su  compañero agarró mi polla y mientras empezaba a  correrme él  agitaba mi falo y con su mano izquierda recogía mi  leche para  esparcírmela por mí estomago, ombligo y tetas.
Dios, estaba extasiado. El rapado iba a tener ya su momento.  Se  retiró de mi culo dejándolo al rojo vivo y se quitó el condón.   Empezó a meneársela con violencia
“Agggmm, aggggmmmm, corderitos aquí tenéis el desayuno.” Su   amigo y yo ya satisfecho acercamos nuestras bocas hasta su  polla  para degustar ese manjar. Empezamos a darle lametazos  entre los  dos hasta que esplot´
“Agggmmmmm .....”
Empezó a correrse en nuestras caras. Dios me encantaba estar   allí chupando junto a otro adonis una preciosa polla escupiendo   lefa en nuestros rostros. Al terminar nos limpiamos en el baño y   yo tras vestirme me despedí de esos dos amigos que jamas volví  a  ver, pero que me hicieron gozar como una bestia. En la  soledad de  mis masturbaciones más cachondas aún me acuerdo  de ellos.

Anónimo

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